jueves, 25 de octubre de 2012

Dejar la docencia

No es que quiera abandonar las aulas, ni mucho menos, ya que es una de las actividades que considero más realizantes que pueda haber. Pero sí veo que tengo compañeros quemados que no pueden cambiar de profesión, es uno de los oficios que menos permite el cambio. Me explico.

Los profesores que dejan la tiza lo hacen normalmente en dos direcciones: una la de la creación (un escritor que por fin puede vivir de lo que escribe y de los actos paralelos, por ejemplo) y otra la de servicios educativos y paraeducativos (pasa a comisión de servicios o asesorías...). Algunos pocos más cambian de aula y se refugian para siempre en la universidad (no suelen volver a secundaria). ¿Por qué no hay pases a la empresa privada, a otros trabajos? ¿Qué tiene la docencia que hace tan difícil el reciclaje? ¿Cómo influye eso en el ambiente de los centros?

En cambio sí se da el caso de un ingeniero o físico que al no encontrar trabajo en lo privado se apunta a dar clases, de un filológo que al no poder ser editor decide opositar o un historiador que llama resignado a la puerta de su antiguo colegio aunque preferiría llevar un proyecto de otro tipo. Se puede entrar en la docencia desde muchas vías pero no se puede salir tan fácilmente, ¿lo veis así también? ¿Por qué esta exclusividad?

18 comentarios:

Enrique dijo...

Hace bastantes años que dejé la docencia activa, para dedicarme a la edición y creación de materiales escolares, así como a la formación de profesores. No he dejado de arrepentirme ni un solo día.

Chema dijo...

Lo malo no es abandonar la enseñanza de motu proprio, es hacerlo porque, amparándose en un falsos recortes -los llamo así porque afectan a la educación púlbica, pero no a la privada ni a la concertada - "sobramos"varios cientos o miles de profesores, y se llega al escándalo de no tener recursos ni para pagar a las empresas de limpieza ni, como dice hoy mismo el blog de "Marea Verde", para poder llenar el depósito de la calefacción. Eso es lo triste.

eduideas dijo...

Chema, es que yo a eso no lo llamo dejar la docencia, sino ser expulsado de ella. Enrique, las editoriales son como servicios educativos, sigue siendo un mundo vinculado, cuesta cambiar de sector si eres profesor más que otra cosa, no sé por qué.

Juliiiii dijo...

Quizá un motivo de lo que tú apuntas es una palabra sobre la que muchos pasan de puntillas y nos miran con condescendencia o con una sonrisita de pena: la vocación. Es difícil imaginarte en otra profesión, aunque con la deriva actual, me parece que empezaremos a ver deserciones (además de las expulsiones que tú has comentado)...

Toni Solano dijo...

Este fin de semana, sin ir más lejos, confesé en público que todas las mañanas me hago la misma pregunta: ¿me gustaría dedicarme a algo distinto? y siempre me contesto lo mismo: no.
Lástima que esta suerte de oficio tenga también esta desgracia de gestores.
Un saludo.

eduideas dijo...

Julii y Toni, quizá es cierto que esa vocación marca la diferencia (afortunadamente) Y estoy de acuerdo en que con los políticos actuales puede disminuir y mucho, a medida que aumentan los profes quemados que simplemente cumplen con su papel de mínimos (aparecer y dar la clase)

Anónimo dijo...

Creo que lo sucede en la docencia sucede en la mayoría de las profesiones: hay gente que llega ahí porque es su objetivo, es su vocación, en definitiva, está convencida, le gusta mucho; otra gente que ha llegado casualmente, por miles de motivos y entre esta gente, luego hay alguna que le gusta y otra que no, claro. Yo creo que es dfícil salir en general cuando escoges un camino y tienes cierta edad, más si es un tema de funcioanriado, si has aprobado una plaza, has conseguido ya un destino cerca de tu casa, tienes pareja, hijos, etc. Quizás quienes estamos metidos lo vemos más; igual que lo verá, también, pongamos por caso un bombero o un comerciante, en sus respectivos ámbitos. El tema radica en qeu la docencia es una profesión muy imporatnte y delicada y que el mal hacer o el buen hacer tiene consecuencias importantes y graves, para los chavales, para la sociedad, para el propio docente, creo. Esa es mi opinión.

Anónimo dijo...

Me gustaría saber si alguien comparte mi comentario; he observado que generalmente se contestan los comentarios pero observo igualmente que este nadie lo ha contestado. Quizás sea por el número, mejor los impares.

Anónimo dijo...

Esta cortita pero efectiva entrada es lo que yo he estado pensando desde hace tiempo. ¡Qué difícil dejar la docencia cuando llegue el turno de hacerlo! Y no juzgo de mala manera a quienes han realizado un curso de capacitación docente, que suele durar entre 1 y 2 años, para poder dar clases del tema en el que eres especialista (soy de Argentina). Sino a la inversa, si uno quisiera dedicarse a otra cosa, no puede hacer un curso para ello, tiene que empezar de cero.

Y un comentario que han dejado acaparó mi atención, el cual dice: "confesé en público que todas las mañanas me hago la misma pregunta: ¿me gustaría dedicarme a algo distinto? y siempre me contesto lo mismo". En mi caso, yo diría sí. Y no es que reniego de mi elección (he llegado a la conclusión, ésta como todas temporal, que la enseñanza me gusta), sino que lo que no quiero o no elijo cada mañana es el sistema y las personas. Que el sistema podríamos cambiarlo, sería un trámite. Que lo más difícil de cambiar son las personas. Y eso es un asunto que cada vez lío menos.

Por eso, si pudiese dedicarme a otra cosa, diría que sí, por más que uno tenga algo parecido a una vocación docente dentro.

Y no me parece mal decir "No". Uno puede ir cambiando con el tiempo y sus experiencias.

Martín.

Anónimo dijo...

En mi caso me gusta la actividad docente y me siento realizada cuando la hago; sin embargo, en la escuela privada los alumnos son muy duros y yo ya estoy quemada, estoy padeciendo de hipertensión, además estoy perdiendo el oído, por eso yo sí quiero dejar la docencia, pero no puedo. Aunque también me dedico al medio editorial y a la capacitación docente, sólo me sirve para complementar ingresos, pero no es una actividad alternativa, no deja ingresos suficientes para vivir y tampoco tengo derecho a jubilación, así que qué se le puede hacer.

Anónimo dijo...

soy profesora de nivel inicial. me encanta serlo. siempre fue mi vocación pero cada día que pasa, me siento más angustiada, ya no quiero ir a la escuela. los padres son muy malos, solo quieren hacernos juicio por todo, sacarnos dinero, sus hijos no tienen límites y nos exigen a nosotras lo que ellos son incapaces de logar con sus hijos. Inventan cosas terribles para hacernos juicio. Es muy difícil esa vocación, Pero qué puedo hacer? soy titular en el estado. qué hago si dejo? cómo vivo?

Anónimo dijo...

↑ ¿Acaso vives en Argentina? ¿O en algún otro país también se la pasa tan horrendo como aquí?

Alejandra silva dijo...

Soy docente de Arte de nivel secundario en cuatro escuelas del conurbano bonaerense. Y en verdad yo amaba mucho este trabajo. Durante años viví para la escuela. El año pasado sentí un gran desgaste físico y emocional, compartido por muchos de mis compañeros. Ahora estoy en casa, con mi hija que nació hace tres semanas, y me horroriza la idea de volver a la escuela. Viajar una hora y media hasta la escuela, dejando a mi bebé todo el día en una guardería, para escuchar gritos, lidiar con padres que descargan su frustración con los docentes y tener que lograr resultados sin pedir a los alumnos el más mínimo esfuerzo... Es muy angustiante. Está muy desvalorizado nuestro trabajo en Argentina. No sé si en otros lugares será distinto. Si pudiera tomaría cualquier empleo, pero es cierto que parece imposible dejar la docencia. Tengo hermosos recuerdos de este trabajo. Fui muy feliz compartiendo con mis alumnos, viéndolos crecer. Me reí mucho, y hasta he llorado con ellos, con sus bromas y sus tristezas. Hoy me siento expulsada por un sistema que nos deshumaniza y nos aleja del hecho educativo, que usa métodos extorsivos con los educadores y nos convierte en meros esclavos a sueldo, sin opinión, sin dignidad, al servicio de la mentira. Seguramente hay muchos docentes que tienen el valor para soportar esto y seguir adelante. Los admiro. A mí ya no me quedan fuerzas, pero tampoco veo otra salida.

Anónimo dijo...

Hola a todos:

Hoy en día nos ponen complicado el poder reinventarnos, sobre todo cuando llegamos a una edad, pero siempre es posible.

Anónimo dijo...

Me gusta dar clase pero no puedo con aquellas clases donde los alumnos que no quieren estar allí ganan la partida y no puedes hacer nada. Me estoy planteando seriamente dejarlo.

Anónimo dijo...

a cierta edad y dependiendo de la experiencia de cada uno, se planteara al cuestion, lo encontre leyendo textos de profesionales, es muy frecuente , y en cualquier profesion, tiene que ver mas con las expectativas personales, sobretodo cuando uno esta entrando en la madurez, hay gente que lo cambiado, yo estoy en plan de eso, pero cuesta claro porque hay que salirse del lugar de confort que da lo cotidiano.

Anónimo dijo...

Yo ya decidí dejar la pedagogía porque me aburrí del sistema, y a diferencia de lo que comenta el artículo yo la cambiare por un negocio propio, aquí en Chile también nos pagan mal y tenemos demasiada tarea para la casa todos los días, tuve un hijo y quiero que me vea feliz y no estresada trabajando hasta tarde en el computador. A veces pienso que la vocación tiene límites y cuando tu familia reclama atenciones se empieza a esfumar y empiezas a odiar tu trabajo.

Azul Bendezú dijo...

Soy de Perú, soy docente de primaria, y con mis 30 años tengo muchos ideales y valores que impartir en mis chicos. Me atrajo la docencia por mi soñador temperamento de sembrar cambio en el mundo. Sin embargo, en mi ciudad tienes 3 opciones: 1) trabajas en un colegio nacional, donde para entrar hay toda una mafia que no te permite ingresar a los mejores colegios si no eres parte de ella, y terminas en barrios tan peligrosos que arriesgas tu vida para llegar (así de fea está mi ciudad), y con un sueldo de mierda. 2) Trabajas en un colegio particular, también con un sueldo de mierda y con padres prepotentes capaces de hacerte la vida imposible, y alumnos que les siguen los pasos. 3) Consigues entrar a un colegio de niños ricos, com un buen sueldo, pero con padres capaces de denunciarte si no le pones 20 a sus hijos y con alumnos que se creen dueños del mundo. De los 3 males, hay que escoger el menor. Finalmente, los sueños se quedan para pensarlos en el bus de regreso a la casa...